Mi abuelito Sergio se murió la semana pasada. Este cuento lo escribí hace un rato y está basado en una historia de la vida de mi abuelito, que le gustaba nadar. El ahora se encuentra nadando en el más allá. 

Sergio



 

Roberto caminaba junto a su ayudante camino a casa cuando escuchó la conmoción.

“Ve a ver qué pasa ahí” le dijo a su ayudante, un joven de 18 años apenas empezando a trabajar. Corrió a preguntar y regresó rápido. “Que están tratando de sacar a un chamaco de la alberca pero está muy hondo y no pueden”, dijo entre respiros, tratando de recuperarse de correr.

Roberto “Vamos pues”, le indicó al joven. Roberto era experto en natación, aprendió a nadar en el río de su pueblo.

“Quién es el encargado?”, dijo Roberto con autoridad y un poco de molestia, cómo era posible que tuvieran una alberca pública sin alguien capáz de rescatar a los chamacos? Pero esto sucedía todo el tiempo, lo había presenciado en muchas ciudades, incluso en su pueblo. Los rescatistas que hay son sólo voluntarios, el ayuntamiento nunca tiene presupuesto para pagarles ni el mínimo.

“Soy yo”, dijo un hombre nerviosamente.

-“¿Que no pueden sacar al muchacho?”

-“No, es que está muy hondo.”

-“Bueno lo voy a sacar”

-“Esta bien” dijo el hombre incrédulamente.

Roberto se quitó los zapatos y su reloj. Se quitó también el pantalón, sólo porque ya sabía que el muchacho ya estaba muerto, aunque podía ver en los ojos de los espectadores una chispa de esperanza. Ya llevaba media hora en el agua.

Se sumergió hasta el fondo de la alberca mal construida, demasiado profunda como para que naden chamacos pensó, especialmente si no saben. A Roberto nunca le han gustado las albercas, no se aprende a nadar como se debe.

Ya en el fondo, tomó al cuerpo del chamaco, que no podría tener más de 14 años y subió a la superficie. Inmediatamente intentaron respiración artificial, pero Roberto fue hacia el hombre encargado y le dijo, “Ya es muy tarde, ya está muerto. Se desnucó, mire como se mueve el cuello.” No era doctor, pero sabía reconocer a un muerto.

El hombre se resignó, bajo el rostro y aceptó la opinión de Roberto. “Paren ya”, les indicó a los jóvenes tratando de revivir al chico. Sus ojos casi blancos, daban una mirada perdida entre los espectadores. Roberto se enteró después que se había querido aventar de un árbol de aguacates a la alberca pero se resbaló y se pegó con la orilla.

Desde entonces en el pueblo le empezaron a llamar el saca muertos. Unos lo decían con respeto y otros con miedo. “No sé porque le tienen miedo a un muerto, por eso no lo podían sacar del fondo ¿qué les puede hacer?”, le decía a su esposa.

“No cualquiera puede tocar a un muerto”, le dijo ella.

 

Acerca de denisefixcat

So this is my blog about basically being me and my adventures as a struggling writer, and mother to my beautiful and dangerously smarter than me daughter. My birth name is Denise but my friends call me Mini so this is basically why I've decided to call this blog De Mini Says. Sometimes I get things right, sometimes I get them utterly wrong, either way this is my attempt at making sense of it all. Since I enjoy music, art, technology, women's issues and cartoons, I also write about that and whatever comes up.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s